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Valvulas cerradas

Enrique Vargas Peña

Cuando se suma presión a un dispositivo y, al mismo tiempo, se le cierran las válvulas de escape que permiten aliviar esa presión, el dispositivo termina, generalmente, por estallar.

Quienes suman presión y cierran las válvulas al mismo tiempo, suelen apostar a la resistencia del dispositivo, en la creencia de que si es suficientemente fuerte, podrá contener la presión sin estallar.

Es posible que existan casos como ese, aunque yo no conozco ninguno. Todos los casos que tengo en la memoria han terminado, siempre, en el estallido y en un estallido de violencia proporcional a la presión sumada.

La Unión Soviética era un dispositivo que se suponía capaz de resistir cualquier presión y, de hecho, resistió enormes presiones internas durante setenta y algo años. Pero, al cabo, produjo un fenómeno singular: el dispositivo sufrió simplemente cansancio de material e implotó, explotó para adentro, con no menos daño que si hubiera estallado.

La implosión barrió con el dispositivo; nada, salvo un recuerdo amargo, queda de él.

Otros dispositivos sí estallaron.

El Irán del tirano Reza Pahlevi, con su oprobiosa Savak torturando gente y sus planes de ingeniería social destruyendo pueblos y mudando compulsivamente a las personas. La Revolución Islámica fue el estallido, escuchado en todo el mundo, que acabó con tanto abuso.

La Cuba del corrupto Batista, con su terrorífico SMI (Servicio Militar de Inteligencia) y sus putas al servicio de mafiosos yanquis. La revolución Cubana fue el estallido, cuyas ondas de choque nos afectan hasta hoy, que acabó con tanta humillación.

El régimen de marzo que oprime al Paraguay es un dispositivo cuyos jefes le están agregando presión. Washington Ashwell, que dirige su política monetaria, está robando el valor de la moneda nacional para financiar con el impuesto inflacionario los costos políticos del régimen. Guillermo Caballero Vargas, que dirige su política industrial y comercial, está ajustando las variables para privilegiar a sus bases corporativas. Su Poder Judicial reprime sin pudor ni recato exponiendo desafiante las diferencias que hace entre los obsecuentes y los críticos.

Al mismo tiempo, están cerrando las válvulas de escape. No quieren elecciones. Como las tienen que hacer, pretenden evitar que el pueblo plebiscite al régimen restringiendo lo más que puedan el valor del acto electoral del 13 de agosto. No quieren internas limpias en el partido Colorado. Usan abiertamente el aparato del Estado para favorecer al heredero Argaña. Están disfrazando a gente del partido Liberal Radical Auténtico como "oposición".

El lunes pasado, 14 de febrero, el fiscal electoral Carmelo Caballero, hijo de Carlos Caballero Roig, hombre de confianza de Domingo Laíno, prohibió al pre candidato colorado Diógenes Martínez decir que si gana las elecciones reclamará la presidencia de la República.

En vez de permitir que se decida el problema político por la vía electoral, de una manera diáfana, el régimen cierra las válvulas, comprime la situación, pretende permanecer sin el consentimiento popular o contra él.

Y lo hace con desfachatez, en la seguridad de que Bill Clinton lo apoya y que en caso de problemas traerá al monigote (sin: fantoche, pelele, muñeco, títere, polichinela, marioneta, espantapájaros, bufón, espantajo) colombiano que los norteamericanos tienen de secretario general de la Organización de Estados Americanos, César Gaviria, para recitar aquí la lección que le dictaron en Washington.

¿Qué le queda al pueblo si le restringen el derecho a decidir en las urnas?

Continúese sumando presión al dispositivo y cerrando las válvulas de escape y, tarde o temprano, habrá una explosión.

Después dirán los Kennedy que los cubanos son los malos; después dirán los Carter que los iraníes son los malos; después dirán los Clinton que los paraguayos son los malos.

Nunca se acuerdan de la gente que murió y sufrió por su causa. Nunca dicen nada de los torturados, los robados, los humillados por ellos y por quienes abusan del poder con su respaldo.