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La participación restringida

Enrique Vargas Peña

    Exponentes de la renovada Justicia Electoral, renovada por haber sido penetrada por el régimen, han puesto a punto y presentarán durante la semana que se inicia, un paquete de medidas destinadas a restringir la participación del pueblo en la vida pública mediante el expediente de reducir el número de elecciones.
    El paquete de medidas está completamente acorde con la "filosofía" del régimen, enunciada por Juan Carlos Wasmosy -"el pueblo paraguayo todavía no aprendió a elegir"- y por sus discípulos Milda Rivarola, José Nicolás Morínigo y Mina Feliciángeli, que suponen que la participación popular distrae el esfuerzo económico.
    De hecho, es el "pensamiento" general de los oligarcas paraguayos, que creen que ellos, y no el pueblo, deben gobernar a nuestro pobre país.
    Nada hay que podamos hacer para evitar la consumación del proceso de restauración del autoritarismo, desde que Wasmosy y sus aliados han abolido la división de poderes e imperan solos sobre la República.
    Pero cabe contraponer esta "filosofía" del régimen con la que presidió las deliberaciones de Convención Constituyente de Estados Unidos, que produjo ese monumento al gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo que es la Constitución americana, cuyos principios los yanquis atesoran para sí y niegan al Paraguay.
    El debate constitucional sobre la periodicidad de las elecciones en esa Convención no estaba dividido entre conservadores partidarios de la restricción de la participación popular y liberales partidarios del aumento del poder del pueblo, sino entre liberales y liberales radicales.
    Estaba presente en la discusión la entonces reciente experiencia inglesa, donde los conservadores habían logrado restringir la participación popular a una elección parlamentaria cada siete años, creando un gobierno originado en la voluntad popular, pero completamente divorciado de ella.
    Los menos liberales de los convencionales americanos pedían elecciones cada cuatro años, en nombre de la estabilidad, los más radicales pedían elecciones anuales.
    James Madison sostuvo que cualquier forma de gobierno que no estuviera anualmente sometida al escrutinio público era tiránica.
    El compromiso fue elecciones cada dos años: en Estados Unidos cada dos años se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado, un número importante de gobernaciones, otro de legislaturas estatales y se votan numerosos plebiscitos y referendums.
    El pueblo tiene, de ese modo participación decisiva en la elaboración de la política gubernamental y en el control de los gobernantes.
    Todas esas elecciones bienales son precedidas, en el seno de los partidos políticos, de otras tantas elecciones primarias, en las que los simpatizantes de cada uno de ellos eligen a sus candidatos.
    Es decir, el número de consultas electorales en Estados Unidos es enorme y no hay año que no sea un "año electoral" de esos que ponen de muy mal humor a Wasmosy, incapaz de ganar ninguna elección.
    Parece obvio que tanta elección no ha distraído el esfuerzo económico de los norteamericanos, como es obvio que tanta elección es la base sobre la cual fueron edificadas la prosperidad y la potencia de Estados Unidos.
    Pero Rigoberto Zarza, quien aparece impulsando el plan restrictivo del régimen paraguayo, no leyó en su vida a Madison ni nada que le ilustre sobre la democracia. No conoce el discurso de Gettysburg.
    Los oligarcas paraguayos comparten los discursos de Estigarribia del 18 de febrero y del 10 de julio de 1940, en los que dijo que muchas elecciones distraen el esfuerzo que el país debe poner en el desarrollo económico, idea que el abuelo de nuestro ministro de Relaciones Exteriores copió de Mussolini y de Hitler.