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Edicto policial

Enrique Vargas Peña

14 de setiembre de 2000

         

Con consenso prácticamente unánime de las fuerzas dominantes de la sociedad paraguaya ha sido restablecido, con modificaciones, el edicto policial que prohíbe la presencia de menores en lugares públicos después de la 01:00 de la mañana.

Medidas semejantes han sido adoptadas también en numerosas ciudades del continente.

Es discutible el criterio por el que las familias delegan en la autoridad pública el cuidado de sus hijos. Ello constituye una abdicación de la función básica de la familia, que es proporcionar formación a sus miembros menores, para depositarla en manos de un Estado sobre cuyas calificaciones morales hay numerosas dudas.

Si un padre, que está teóricamente en contacto directo y periódico con sus hijos, no puede atenderlos adecuadamente, si no sabe establecer los límites que deben respetar, mucho menos podría hacerlo el Estado, que carece de aquel contacto y menos aún este Estado paraguayo que, además, ni siquiera puede equipar a todas sus dotaciones policiales.

Este edicto policial no reducirá la delincuencia, si es ese su objetivo, porque la delincuencia no tiene origen en la hora de salida de los menores, ni garantizará seguridad a los menores, porque la inseguridad que sufre el país no se concentra en las madrugadas o en los lugares públicos.

Este edicto aumentará la sensación de fracaso que existe en las fuerzas policiales y la frustración que la sociedad siente hacia ellas por imponerles la satisfacción de expectativas que se encuentran totalmente fuera de su alcance.         El auge de la delincuencia y el desorden social que sufre la República se deben, no a unos cuantos chiquillos que beben demás, lo cual es pésimo, sino a la quiebra moral de sus fuerzas dominantes.

El propio ministro del Interior, quien impulsa este edicto, está siendo acusado de tener vinculaciones con las organizaciones de robo de vehículos; el gobierno en general es sospechado de estar profundamente minado por la corrupción.

Esa es la causa principal del problema. El país carece de un liderazgo moral capaz de establecer con la autoridad de su ejemplo y su conducta un patrón decente de comportamiento social.

Los padres de los menores que ahora celebran el restablecimiento de este edicto restrictivo podrán llegar incluso a convertir al Paraguay en un estado policial semejante en todo a Corea del Norte o a la pesadilla imaginada por George Orwell en 1984, pero no lograrán detener la descomposición.

         Mientras ellos sigan recurriendo a cualquier medio para llegar al fin, mientras la Hilux 4x4 sea más apreciada que una conducta decente, sus hijos seguirán careciendo de modelos que garanticen un mínimo orden social.         

 

 

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