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La concertación

Enrique Vargas Peña 

13 de marzo de 2001

 

Según se desprende del careo que tuvieron al aire, por Radio Cardinal, Nelson Argaña, jefe del Movimiento de Reconciliación Colorada (argañismo), por un lado, y Carlos Mateo Balmelli, principal asesor de Yoyito Franco (PLRA), por otro, se reunieron el pasado jueves, como se publicó en todos los medios, para buscar una concertación.

         Sin considerar lo que pudieron decirse o no, hay dos hechos relevantes expresados por la reunión: primero, que el Movimiento de Reconciliación Colorada entiende que el presidente de la República, Luis Ángel González Macchi, ha cumplido su ciclo y debe irse; segundo, que el partido Liberal Radical Auténtico pasa por alto el cambio que el pueblo quiere, se mofa de él, se burla de quienes le dieron su voto el 13 de agosto de 2000.

         No había que ser premio Nóbel para llegar antes a la conclusión a la que tardíamente llegan ahora los integrantes del argañismo sobre González Macchi, pero el hecho de que hayan llegado al fin a ella indica que es muy difícil el futuro del actual presidente paraguayo. Muy difícil.

         Sin apoyo político de ninguna clase o, mejor, con apoyos políticos cada vez más condicionantes, González Macchi sólo podrá sobrevivir en la medida en que acepte ser cada vez más un títere de las fuerzas que se muestren dispuestas a soportar la vergüenza que implica apoyar al gobierno.

         El senador González Macchi, que nunca fue más que un delegado de los poderes fácticos que abolieron la democracia en Paraguay, se está convirtiendo en una marioneta completa, sin la más mínima expresión de vida propia.

         Lo de los radicales auténticos es más grave, si cabe. Votados el 13 de agosto para hacer el cambio que el pueblo quiere, optaron por volver a integrarse al régimen del que se habían visto obligados a salir por mandato de las bases del PLRA y por sostener a la dictadura contra la que había votado la mayoría del pueblo paraguayo en esa fecha.

         Como si eso no fuera suficientemente malo, se reúnen ahora con los argañistas, el sector político que una parte significativa de la sociedad quiere ver desplazado del poder, el sector contra el cual se votó específicamente el 13 de agosto, para hacer con ellos una “concertación”.

         Yoyito Franco quiere que se crea que no entiende el mandato que le dio el pueblo, pero el pueblo no es cretino: la ciudadanía no quiere “concertación”, y mucho menos con los argañistas. Quiere cambio. Cambio radical, puro y simple.

Por si Yoyito Franco y sus asesores no lo entienden, el cambio que el pueblo quiere significa que los argañistas, los encuentristas y los wasmosistas sean desplazados del poder para tratar de construir un país medianamente decente.

    

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