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La explosión campesina

Enrique Vargas Peña

Tres campesinos han sido muertos por las fuerzas de seguridad en enfrentamientos habidos en el departamento (provincia) de San pedro, a ráiz de la ocupación de una propiedad privada.

Hay dos elementos a considerar en el problema campesino del Paraguay: el deterioro de las condiciones de vida de la población, en general, y particularmente de los sectores "no incorporados" al sistema productivo agropecuario, y el programa de las organizaciones que movilizan a los campesinos.

Nadie puede discutir que el deterioro de las condiciones de vida se está acelerando rápidamente. Desde que el señor Wasmosy decidió destinar enormes recursos a socorrer a sus socios del sistema financiero en 1995, el país ha venido cayendo y cayendo y cayendo, sin que ninguno de los beneficiarios de tanto auxilio atinara a hacer algo más que pedir más y más auxilios.

Para reunir y destinar esos recursos a los socios de Wasmosy, se distrajeron de las necesidades verdaderas del país y de sus exigencias.

La sociedad no pudo imponer sus puntos de vista debido a que sus supuestos representantes en el Congreso operan bajo la "doctrina Riquelme" ("los diputados paraguayos son baratos") y, por tanto, primaron las prioridades de Wasmosy.

En este momento, el país está sumergido en la más larga recesión de su historia reciente, con la caída más abrupta de inversiones de los últimos tiempos. El presupuesto aprobado no cubre siquiera los gastos corrientes, mucho menos atiende las necesidades de mantenimiento de la infraestructura y, sin embargo, puede generar un déficit enorme que presionará en sentido inflacionario.

En síntesis, los campesinos paraguayos se están empobreciendo y no tienen perspectiva alguna, a corto plazo, de mejorar la situación en que se encuentran. Los campesinos no tienen esperanzas.

En ese contexto se presentan unas organizaciones campesinas, especialmente el Movimiento de los Campesinos Sin Tierra, con un programa de acción concreto ante la dramática situación en que se encuentran.

No cabe más remedio que calificar a este programa de acción como revolucionario: él propone un enfrentamiento político con el gobierno mediante el desafío de su autoridad ocupando propiedades.

Su propósito ulterior es establecer algún tipo de organización socialista de los medios de producción y algún tipo de régimen político de libertades restringidas.

La legitimidad de sus reclamos, pues la situación campesina es desesperada, se ve matizada por la proyección de su programa, sobre cuyas viabilidad económica, sus posibilidades de generar progreso, caben serias dudas.

El gobierno ha respondido a los desafíos con torpeza. Tres campesinos han sido muertos por las fuerzas de seguridad en enfrentamientos el día lunes y el propietario de las tierras en disputa ha sido "inducido" a vender una parte sustancial de las mismas con objeto de acceder a los reclamos campesinos.

Pero estos, los campesinos, han redoblado sus exigencias porque ahora tienen muertos. El gobierno ha sido simplemente sobrepasado por su propia negligencia: noi ha satisfecho a los campesinos, no ha satisfecho a los propietarios y ha permitido el hundimiento del orden legal.

Esto significa que el gobierno ha potenciado con su negligencia a los elementos más radicales de las partes en disputa, lo que ha llevado al cura Domiciano Ramírez a hablar ya de la eventualidad de una guerra civil.

Una explosión campesina está próxima y el régimen atiza el fuego.