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La deuda que dejan

Enrique Vargas Peña

11 de julio de 2000

 

  

Se publica en ABC Color que cada paraguayo que nace debe ya algo así como un millón seiscientos mil guaraníes (al cambio actual, unos cuatrocientos cincuenta dólares americanos).

         No parece demasiado para una persona que viva en cualquier país del primer mundo. Pero es mucho para un país con una renta per cápita de mil seiscientos dólares anuales.

         Y es mucho más cuando se piensa en qué se están gastando los prestamos contratados en nombre de cada uno de esos paraguayos por un gobierno que no fue elegido por ellos.

         El nivel de endeudamiento de este gobierno no elegido que sufre la República ha subido sin solución de continuidad, así como ha subido el déficit fiscal, que según informes de prensa tiene un incremento de dos mil por ciento con respecto al existente en el anterior ejercicio presupuestario.

         Se puede resumir muy sencillamente la causa de estos gastos: el gobierno no elegido del Paraguay está dilapidando recursos que no tiene, endeudando a las futuras generaciones, para pagar a la clientela de privilegiados que le sirve de sustento político.

         La lista de beneficiarios que viven bien ahora a costa de hacer vivir mal al resto de los paraguayos que viven hoy y a los que están por nacer, no es demasiado grande: los banqueros amigos de Wasmosy que lograron que el Estado cubra sus obras de “ingeniería financiera” como las llamaban entonces; los “empresarios” que ahora serán rescatados con fondos públicos; los contratistas del Estado que realizan obras que se les otorga en un marco muy discutido.

         Son los miembros de la oligarquía, los que llenan los aviones de los viernes con rumbo a Buenos Aires y vuelven a llenar los de los lunes a la mañana desde aquella ciudad para retornar al país que los hace ricos con tan poco esfuerzo.

Son los que viven felices como Euclides Acevedo y Caballero Vargas, lo que fue señalado al primero por Carlos Filizzola, quien después de un año y medio se ha dado cuenta, por fin, de la clase de gente con la que estuvo aliado.

Pero más vale tarde que nunca.

          El endeudamiento que la dictadura que preside el senador Luis Ángel González Macchi está imponiendo a los paraguayos paga esa felicidad para unos pocos que todavía tienen la temeridad de arrojarnos su bienestar a la cara preguntándonos de cuando en cuando de qué crisis es que hablamos nosotros. 

 

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