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Voto y rebelión

Enrique Vargas Peña

04 de agosto de 2000

             

La rebelión, la resistencia abierta a una autoridad determinada, no necesariamente es armada ni discurre por vías “ilegales”. La rebelión puede ejercitarse a través del voto y, en términos históricos, la democracia moderna ha permitido canalizar la rebelión así, a través del voto, la resistencia del pueblo a los malos gobiernos.

El 13 de agosto próximo los paraguayos tendremos oportunidad de rebelarnos contra el régimen que nos empobrece y que restringe nuestros derechos: votando masivamente contra Félix Argaña y a favor del cambio.

El propio dictador Luis Ángel González Macchi ha dicho que esta elección será un plebiscito sobre su régimen. Tomémosle la palabra, plebiscitemos al régimen. Los que están de acuerdo con el gobierno deben votar por Félix. Los que estamos en desacuerdo, debemos votar por el cambio.

Aunque yo no abrigo expectativa alguna sobre la coherencia de González Macchi, desafiémosle a que lleve su razonamiento sobre el plebiscito hasta las últimas consecuencias y que si Félix pierde la elección, tome nota de que su gobierno es el que ha sido repudiado por el pueblo paraguayo.

Un demócrata cualquiera, en tales circunstancias, renunciaría inmediatamente. Incluso un autoritario medianamente decente, como era por ejemplo Alfonso XIII de España, renunciaría.

Pero González Macchi no es demócrata. Todo lo que dice es palabrerío hueco, destinado a engañar al pueblo, como las fuerzas políticas de las que es mandatario vienen haciendo desde setiembre de 1997.

Sin embargo, la rebelión expresada en votos tendrá efectos aún cuando González Macchi se pegue a la silla presidencial con “La Gotita” de Poxipol. Todos podremos ver qué muchos somos los que estamos de acuerdo con que debe terminar este régimen corrupto inaugurado en marzo de 1999. 

         Esto lo sabe el régimen tan bien como cualquiera de los ciudadanos que se apresta a expresar en las urnas, el 13 de agosto, su descontento y su protesta y por eso ha instalado a sus incondicionales en la administración de justicia electoral.

         Alberto Ramírez Zambonini, Juan Manuel Morales y Rafael Dendia, sus titulares, tienen la tarea, que ya ha recibido el aval de la Organización de Estados Americanos y del gobierno norteamericano, de evitar que la elección del 13 de agosto pueda ser leída como un repudio a la dictadura.

         Pero esta trama urdida para distorsionar una vez más la voluntad del pueblo paraguayo no debe desalentarnos. Al contrario: cuantos más ciudadanos resuelvan castigar al régimen votando por el cambio, más difícil será para los empleados de la dictadura disfrazar la repulsa popular.      

 

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