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Inversión extranjera

Enrique Vargas Peña

03 de agosto de 2000

          

         El capital es moralmente neutro, como la naturaleza. Las cosas no son buenas o malas por sí mismas. Pero tiene sus reglas, como las tiene el poder, cuyas pautas enunció Lord Acton.

         Las reglas naturales del capital fueron enunciadas por Adam Smith y son sencillas: el capital tiende naturalmente a concentrarse, tiende naturalmente a excluir, tiende naturalmente a maximizar sus ventajas.

         Smith demostró que estas tendencias naturales del capital pueden ser muy positivas si la sociedad las comprende plenamente y las canaliza adecuadamente y que pueden ser mortalmente perversas si se deja dominar por ellas.

         Y para aprovecharlas al máximo, esbozó la que ahora se conoce como “economía de mercado”.

         La economía de mercado es una estrictamente controlada por el Estado, no en el sentido de fijar precios y salarios, ni en el de establecer modelos coercitivos de producción, ni, mucho menos, participar en ella o interferir en el intercambio, sino en el de impedir que la tendencia natural del capital a concentrarse, a excluir y a maximizar sus ventajas se convierta en la imposición monopólica de bienes y servicios caros a una sociedad a la que artificialmente se impide acceder a alternativas de su preferencia.

         El actual gobierno paraguayo no puede, ni desea, establecer el tipo de controles que hace posible la existencia y el desarrollo de una economía de mercado porque es el resultado, justamente, de la decisión del capital para-estatal nacional de mantener las condiciones en que se ha formado, exacerbando, en consecuencia, las tendencias naturales del capital.

         El actual gobierno paraguayo está en el poder para proteger los caminos de concentración, exclusión y maximización de beneficios del capital para-estatal nacional (contratistas del Estado, concesionarios de servicios públicos, de servicios financieros de la administración pública, administradores de entes autárquicos del Estado).

         La inversión extranjera, pues, interesa al gobierno paraguayo no tanto como instrumento de desarrollo, sino como palanca para maximizar sus beneficios particulares y por eso el modelo de reforma del Estado que está desarrollando se basa en la concesión de privilegios, de licencias compartidas o de contratos leoninos como el concedido a la Paraná River Mill por el jefe del capital para-estatal paraguayo, Juan Carlos Wasmosy, mientras fue presidente de la República.

         Y el capital extranjero que obtendrá beneficios con este tipo de acuerdos, vendrá en estas condiciones y verá en la restauración democrática un peligro a prevenir. Lo hará no porque sea malo, sino porque esa es su ley.

         Sin embargo, los paraguayos no obtendrán de esto ningún beneficio. 

 

 

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