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Balance

Enrique Vargas Peña

02 de junio de 2000

   

Pasado algún tiempo desde los hechos del 18 y 19 de mayo de 2000, es posible realizar un balance más completo de lo ocurrido y ensayar algunas hipótesis para comprenderlo.

El resultado más significativo de los sucesos en cuestión es la desarticulación de la oposición al régimen.

La mayoría de la población paraguaya, perjudicada por los desastrosos resultados económicos y sociales de la coalición organizada por Juan Carlos Wasmosy (argañistas, liberales, encuentristas y asalariados), estaba empezando a perder el miedo y a tomar conciencia de su propia fuerza cuando se produjo la intentona del 18 y 19 de mayo.

La intentona permitió a dicha coalición destruir la creciente resistencia ciudadana y volver a imponer sobre el país la conformidad por el miedo.

La segunda consecuencia de los hechos es el golpe decisivo que el régimen asestó a la prensa crítica, con el silenciamiento de Radio Asunción, Radio Nanawa y Radio Ybytyruzú. A partir del 19 de mayo, la población tiene acceso solamente a uno o dos programas periodísticos independientes en medio de la más absoluta uniformidad oficialista.

El alcance de los diarios es más limitado que el de las radios, pero el plan de la coalición wasmosista es también domesticar los restos de independencia que quedan y el caso de Hugo Ruíz Olazar es prueba de ello.

El tercer resultado de los sucesos del 18 y 19 de mayo es el desplazamiento del eje aglutinador de las Fuerzas Armadas paraguayas desde la Caballería hacia nuevas unidades que están organizando los norteamericanos.

Esto nada tiene que ver con el traslado de la Caballería, con el que yo, al menos, estoy de acuerdo, sino con su desmantelamiento fáctico. Al ser desmantelada de hecho la Caballería, las Fuerzas Armadas paraguayas pasarán a desplegarse en torno a un proyecto militar basado en la lucha anti drogas u otras ideas del sr. Clinton, en vez de hacerlo en torno a las necesidades militares tradicionalmente definidas por nosotros mismos.

Hay más consecuencias, pero las tres anteriores bastan y sobran para hacer notar que si la intentona del 18 y 19 de mayo no se producía, el régimen hubiera tenido que inventarla.

De hecho, los brasileños están proporcionando alguna información que induce a pensar que en la coalición de Wasmosy hay ajedrecistas de primerísimo nivel.

Los resultados no hubieran podido lograrse mejor o más acabadamente de otra manera y, realmente, el régimen puede estar agradecido de su suerte.

El general Oviedo, acusado como siempre de los hechos del 18 y 19 de mayo, los condenó en los términos más enérgicos, causando el disgusto de algunos ocasionales aliados suyos que, sin embargo, se disculpan a sí mismos haber tirado por la borda toda la lucha por la reconquista de nuestra soberanía perdida.

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