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Publicidad de marzo

Enrique Vargas Peña 

02 de abril de 2001

Entre 1939 y 1945 murieron cientos de miles de soldados alemanes. La mayoría de ellos cayó luchando heroicamente. Su heroísmo, sin embargo, no estaba dedicado a una causa justa aun cuando su entrega personal pueda ser digna de ser recordada.

La muerte de una persona, o muchas, en circunstancias heroicas o dignas no garantiza la justicia de su causa.
         Esos valientes alemanes, por ejemplo, murieron defendiendo los campos de exterminio de judíos, la segregación racial y la abolición de la democracia.
         Aquí en Paraguay, los publicistas al servicio de los que mandan malgastan el dinero de los anunciantes en medios de escasa aceptación que trabajan en presentar el asesinato de los jóvenes que murieron en la plaza del    

Congreso el 26 de marzo de 1999 como prueba suficiente de la justicia de la causa por la que estaban allí.
          Sin embargo, ese crimen no prueba que los caídos estuvieran dispuestos a respetar la voluntad del pueblo paraguayo expresada el 10 de mayo de 1998 ni prueba que el proyecto que apoyaron hasta morir fuera democrático, como quieren hacer creer la Asociación de Empresarios Cristianos y demás aliados de Juan Carlos Wasmosy y de Guillermo Caballero Vargas.
          De hecho, la sangre derramada en marzo del 99 sirve de cimiento a un régimen que mata, tortura, reprime, restringe derechos y roba, lo que finalmente ha tenido que ser reconocido por Estados Unidos y por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
        ¿De qué ética hablan los profesionales que ponen su ciencia al servicio de quienes cometen esas fechorías?
         Como lo han demostrado las publicaciones de La Nación, la investigación del crimen del 26 de marzo de 1999 está muy lejos de haber probado en cuál de esos bandos estaba la voluntad de usar la muerte de los inocentes en provecho propio.
          La intención de seguir instrumentando las muertes de marzo es ocultar lo evidente: que con el golpe del 99 empeoró nuestra vida institucional, que aseguró impunidad y negocios para algunos y que el daño que está causando al Paraguay es simplemente tremendo.
           Los beneficiarios de marzo han estado tapando con los muertos de marzo su prolongada resistencia a respetar la voluntad del pueblo y el inevitable desastre consecuente, pero como todo el país va sintiendo que no se come, ni se estudia, ni se cura con esa propaganda, sería mejor que los publicistas del régimen dejen de aprovecharse de los caídos de la plaza.

 

    

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